«Orgulloso de mí» (dedicado a todos los trabajadores de Pindeco)

Cada día, aunque llueva o haga mucho frío, me levanto mucho antes de que amanezca. Es hora de ir a trabajar, es momento de salir a ganar el pan con el que vivimos mi familia y yo en mi casa: nuestra casa. Desde chico aprendí el valor del trabajo, y eso lo he heredado de mis padres. Esa es mi forma de honrarlos. Me alisto con mis cosas, con mi equipo, y tengo la increíble suerte de tener a alguien que me prepara el alimento que con gusto comeré este día. Algunos deberán prepararse su propia “burra”, pero estoy seguro de que igualmente lo disfrutarán. Pinto, tortita de huevo con una deliciosa tortilla y, tal vez, un poco de picadillo que hemos guardado de la cena. Los alimentos más ricos no son los manjares, son aquellos que se preparan con amor. Una botellita de café o un termo, lo que tenga a la mano, me acompañará también.

Tal vez estoy un poco preocupado, porque los días pasados tuve un pequeño problema con mi jefe, o con alguno de mis compañeros. Pero eso no me detiene, porque veo a mi familia y algo que no puedo explicar me hace ir y, a pesar de todo, poder dar lo mejor de mí en el trabajo. Al salir, justo al momento de abrir la puerta, escucho una voz que me dice: “quédese con nosotros, no vaya a trabajar hoy”. Son mis hijos que se han despertado y me piden que me quede a pasar este día con ellos. Los que tienen hijos me entenderán y, los que no, podrán imaginarse que es uno de los momentos más difíciles que un padre o una madre puede pasar. Les doy un abrazo y un beso. Les digo que no puedo quedarme, y que más tarde vamos a pasar tiempo juntos. Me despido y, al cerrar la puerta, no puedo evitar que se me salga una lágrima. He llorado algunas veces, y no me da vergüenza decirlo. Me limpio y me aseguro de que nadie me haya visto. La madrugada es fría y empiezo a ver a mis compañeros que caminan por la calle.

Vamos a la parada y me da gusto verlos. Somos personas muy diferentes, a veces los entiendo y a veces no, pero hago lo posible por llevarme bien con ellos. Al fin de cuentas, paso mucho tiempo con ellos y no vale la pena pasar todo el día de mal humor. Hacemos algunas bromas para sacudir el frío o el agua de lluvia, mientras esperamos el bus.

El bus llega y subimos, vemos a otros y nos saludamos como si nunca nos hubiéramos visto. Ellos son otros como yo, que también han dejado a su familia y que han salido de la casa con un nudo en la garganta. Los comprendo y también estoy orgulloso de ellos. En el asiento pienso un poco en mis problemas, pero soy positivo y sé que todo se resolverá. Nada es para siempre, ni siquiera los problemas. Entonces, me doy ánimo y sigo adelante, con mi objetivo muy claro. Todo este esfuerzo tiene sentido cuando vamos a comprar las cosas de la casa, esta quincena, y las otras que vendrán. A veces no alcanza para todo, pero les estoy dando educación a mis hijos para que puedan algún día valerse por sí mismos.

Al llegar al trabajo, empieza la jornada y hago lo que sé hacer, y trato de hacerlo mejor que nadie más. Porque, aunque es un trabajo duro, es lo que me toca. Tal vez un par de veces he pensado en renunciar, pero no soy alguien que se da por vencido. Lo intento todos los días, y quiero decirles a mis compañeros que los comprendo, que también lo intenten, y que también se sientan orgullosos de sí mismos. Todo va a ser mejor si nos ayudamos, si compartimos, si tratamos de llevarnos bien. Porque estamos acá todos por lo mismo, porque este es nuestro trabajo, y es lo que nos hace sentirnos bien con nosotros mismos. Mi jefe es también una persona, que también hoy ha dejado a su familia, que ha hecho también un sacrificio para poder venir y también estoy orgulloso de él. A pesar de que a veces parezca que no nos llevamos, pero lo entiendo porque sé que no es fácil tener la responsabilidad sobre tantas personas y tan diferentes. Los momentos de la comida llegan y me recuerdan que definitivamente todo lo que se hace con amor sabe mucho más rico. Estoy orgulloso de mi familia, aunque casi nunca se los he dicho.

La jornada termina, regreso a casa cansado y trato de pasar tiempo en mi hogar. Tal vez me ven pensativo, pero trato de ocultarlo. Se me pasa rápido y empiezo a disfrutar los frutos de mi trabajo. Soy un ser humano como todos, también me preocupo, también pienso en mis problemas, también me enojo y me pongo triste, y me pongo feliz y sonrío. El trabajo es parte de la vida, y lo hago con dignidad. Por eso estoy orgulloso de mí y quiero que las personas que lean esto también lo estén.

8 comentarios de “«Orgulloso de mí» (dedicado a todos los trabajadores de Pindeco)”

  1. Completamente identificado, por muchos años lo he vivido, es más complicado cuando uno como persona busca una mejor condición económica por medio del estudio para poder brindarle mejores condiciones a la familia, es un gran orgullo cuando se alcanzan los objetivos, la satisfacción es inmensa y siempre esperando que las cosas mejoren, mi lema siempre a sido «no compitas con nadie, compite contigo mismo y se mejor que antes todos los días»…

  2. Es un relato tan bien descrito!! y esa es la realidad,!!!! es un orgullo ser uno mas de esta familia que día a día se esfuerza por salir adelante, por cumplir las metas grupales e individuales!!!, ya también estoy orgulloso de mi y de la Empresa para cual trabajo!!! y mi familia se siente orgullosa de mi y de la Empresa que me dio el privilegio de formar parte de ella…!!!!!

    1. Buenas, Óscar: muy amable por tomarse el tiempo de compartir esta experiencia con nosotros. Apreciamos sus comentarios, pues son reflejo de lo que viven muchos de nuestros trabajadores. Saludos.

  3. Que lindo relato, al leerlo vi cada etapa, cada paso! Que orgullo saber que nuestro día a día es así, familia, trabajo, ambiente positivo. Somos muy bendecidos!

    1. Buenas, Laura: le agradecemos mucho que comparta su punto de vista con nosotros. De verdad que nuestros trabajadores hacen un gran esfuerzo, y es justo reconocérselo. Saludos.

  4. Que bonito relato ,me identifico mucho con la historia por muchos años trabaje en la planta empacadora B.A. y muchas veces salia con el corazon en mil pedazos al dejar a mis hijos ,pero por ellos trabaje duro para sacarlos adelante gracias al trabajo de dia a dia muy orgullosa de mi 🙂

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